Creamos realidad cuando creemos conocerla

diciembre 4, 2007 at 2:54 pm Deja un comentario

Retornar,
retornar a la mirada primera
y ver en ella cuanto creímos conocer
                                          cuando posábamos
nuestros ojos en el todo exterior:
una manzana,
la risa de una niña,
o el océano, que quisimos tan manso y con fronteras.
Descubrir,
descubrir que no era tan cierto lo que vimos
como el apodo con que nos lo apropiamos,
ni sus leyes eran ya nuestras leyes,
ni su sitio un lugar tan seguro,
                            inasible vacío,
donde naufraga, ahora, nuestra inquieta memoria.

La nuestra,
la memoria que recuerda y descubre,
la que construye a un tiempo aquello que aposenta
                             -el ayer y el ya mismo-,
se viste de palabra, le da nombre a las cosas,
que es nuestro propio nombre
hecho noticia, voz, de imposible distancia.

Mirar,
mirar entre lo visto y lo intuido,
ver cómo se hacen uno.
No hay representación,
sólo apareo, encuentro enamorado
                           del mundo y tu sonrisa
y si crees pisar algo fijo es que olvidas tu huella.

O tu eco,
el rítmico latido que acompasa
naturaleza y pensamiento a dúo,
cuando anhelas saber y el modo en que conoces
se tiñe sin permiso de tu yo inaprensible
                                    que interpreta, rehace,
inventa en el afuera lo que está en el adentro.

Y la evidencia,
la única posible, la vista en la ventana,
es la imagen de un mundo que resiste, sin prisa,
a todas las miradas que quieren conformarlo,
miradas que escudriñan
                         y crean, al mirar,
aquello que descubren al tiempo que imaginan.

Sin murallas,
sin límite preciso y a destiempo,
así se mezclan juntos
                         lo que es y el deseo,
construyendo la imagen que esperábamos ver,
mestizaje tejido de aromas y de sueños,
y aquello que tocamos es nuestra misma mano.

Desconfía,
desconfía si el día y la hora son tuyos,
porque habrás apresado lo que no tiene forma,
juego inútil, hacer simple lo que nació tejido
                                de infinitas maneras:
una manzana,
la risa de una niña,
o el océano, tan falto de límite y frontera.

Este es un poema de María Novo, dentro de su proyecto Ecoarte.

Cuánta verdad encierra…

Pretendo usarlo en el curso de Monitores del viernes, con el permiso de la autora.

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