Los Lobos de la Pared

noviembre 17, 2007 at 1:27 am Deja un comentario

Adoro este libro. Voy a usarlo en un ratillo en el Club de Lectura de Jóvenes. A ver qué pasa.

Os dejo con el comentario de David Caro, de Tebeosfera

No es nada común encontrar una historia que realmente pueda interesar a lectores de todas las edades. Los lobos de la pared es un cuento infantil, y como tal se dirige principalmente a los niños, pero contiene suficientes elementos de interés como para que resulte recomendable para lectores de cualquier edad.

Neil Gaiman tiene, probablemente, una de las audiencias más variadas en la literatura actual. En las (largas) colas de sus sesiones de firmas se mezclan niños llevados por sus padres para conseguir una firma en ese cuento que el pequeño le “obliga” a leerle todas las noches, adolescentes y adultos fascinados por sus cómics (con Sandman como claro buque insignia, posiblemente para el resto de su vida) y personas interesadas en sus novelas American Gods o Neverwhere, que quizá ni siquiera sepan que el autor escribe además cómics y no entiendan por qué en la cola hay gente disfrazada de chica gótica con un Ankh colgando del cuello.

Pero vayamos al grano. ¿Qué es Los lobos de la pared?

Se trata del segundo cuento ilustrado, tras El día que cambié a mi padre por dos peces de colores, realizado por el escritor Neil Gaiman y el ilustrador Dave McKean. La protagonista de esta historia es Lucy, que vive con sus padres y su hermano en una casa en cuyas paredes Lucy escucha ruidos extraños, ruidos que según ella están provocados por lobos que habitan dentro de las paredes, y que están intentando salir. Cada vez que Lucy le cuenta a alguien lo que escucha, la respuesta es la misma: eso es imposible, porque “como todo el mundo sabe, si los lobos salen de las paredes, todo está perdido”. Y justo entonces, naturalmente, los lobos salen de las paredes.

Lo que ocurre a continuación sirve a los autores para enseñar una serie de importantes lecciones a los que no las saben aún y recordárselas a los que sí las saben (iba a escribir “enseñar a los niños y recordar a los adultos”, pero no siempre coincide). De estas lecciones, la más importante es quizás que el hecho de que todo el mundo diga que no se puede hacer nada no implica necesariamente que estén en lo cierto. La actitud de Lucy, en contraposición a la del resto de su familia, es la de una persona no conformista que sabe que las cosas no pueden quedarse así simplemente porque así estén. Lucy se convierte en esa persona que no se acobarda ante los que le roban su lugar, no acepta la solución más fácil, la de buscarse otro sitio y esperar que nadie aparezca para echarla de allí. Y, sin saberlo, comprueba el viejo dicho según el cual el que se enfrenta a un oponente desconocido debe recordar que él resulta igual de desconocido a su oponente. Es posible que el otro tenga aún más miedo del que uno tiene.

La historia se desarrolla de una manera muy visual. El texto, con diálogos abundantes, ocupa un lugar muy preciso dentro del cuadro en que se convierte cada página. Las palabras y los dibujos se complementan a la perfección, utilizando recursos, como viñetas o bocadillos de diálogo, que acercan esta obra a lo que entendemos como un cómic, hasta el punto de que probablemente sea igual de correcto calificar a Los lobos de la pared como un cómic en lugar de un cuento ilustrado.

La mezcla de técnicas que utiliza Dave McKean quizá ya no sorprenda al lector que esté habituado a su estilo, pero sigue siendo de una fuerza visual y una imaginación considerables. McKean vuelve a mezclar lápices, fotografías, collages, tintas y un largo etcétera para esta ocasión, logrando composiciones que van desde momentos impactantes (la doble página en la que los lobos salen de las paredes, y por cierto tengo mis dudas acerca de si esta ilustración no habrá dejado sin dormir a más de un niño) a otros de gran belleza, como los exteriores nocturnos de la casa de Lucy. Si el talento de McKean tiene algún límite, este parece ser por ahora sólo el de su imaginación.

La calidad de la edición que ha realizado Astiberri puede resumirse con una palabra: impecable. La reproducción es excelente, apoyada en un papel de calidad que no nos priva de los detalles del inspirado arte de McKean. Por otra parte, los textos de Gaiman nos llegan a través del buen trabajo que Manuel Bartual realiza en la rotulación, aspecto importante en esta obra en la que es evidente que los autores no han dejado al azar pormenores como el tamaño y la colocación de las palabras en el contexto de los dibujos. 

¿Qué es, pues, Los lobos de la pared?

Podría decirse que es un relato infantil, pero de igual manera podrían resaltarse las cualidades que lo hacen interesante a lectores adultos. Se podría definir como un cuento con la misma facilidad con la que podría decirse que es un cómic… todas esas consideraciones, al final, dan igual; es una buena historia cuya lectura se disfruta de principio a fin. Y cuando no existan buenas historias, entonces y sólo entonces, sí que todo estará perdido.

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