Así estamos (II) – Deformación profesional

julio 25, 2007 at 12:05 pm 4 comentarios

Un tema importante. El trabajo. No me gusta vivir para trabajar, aunque en ocasiones lo haya hecho. Sin embargo, para mí el trabajo no es algo aparte y desvinculado del resto de mi existencia. Forma parte de mi vida. Son horas de mi tiempo, es mi energía vital, la que está siendo invertida allí. Por eso considero fundamental que mi trabajo me aporte algo más que dinero, y por lo cual a mí me gusta implicarme en lo que estoy haciendo.

Así estamos…

Me licencié en Biología hace ya nueve años. Buenas notas, y todo eso, pese a la depresión que arrastré durante todo un curso. Entre todas las carreras que me apetecían, me decanté por esa. Dejando aparcadas otras como periodismo, arqueología, astronomía y astronáutica, bellas artes, informática, veterinaria… creo que las únicas que no me llamaban nada eran medicina, derecho y económicas-empresariales. Fíjate tú. Triste que luego te tengan que hacer la bromita típica de la Obregón… parece que en ocasiones la gente no anda sobrada de recursos mentales.

A su vez, el primer trabajo que tuve fue de profe. Supongo que como muchos adolescentes de nuestra generación, que se ganaron sus primeras pelillas dando clases particulares. Empecé con 16 años, y de forma más o menos intermitente, fui ejerciendo durante los 10 años siguientes. Quizá estas cosas marquen…

La cuestión es que una vez terminada la carrera, me enredé con el Doctorado, en Genética, con mi profe preferido. Lo dejé a los dos años y medio, después de constatar que efectivamente aquello era una casa de putas, que las puñaladas te llovían de todos los sitios, incluido tu propio grupo. Que a mí aquellas paredes del laboratorio se me venían encima si tenía que pasarme todo el día allí. Aprendí, eso sí. De método científico, más que en la carrera. De otras cosas también. Me dijeron que tenía madera para llevar un equipo. Que era increíblemente rápida a nivel mental. También constaté que era independiente, que me gusta ser capaz de valerme por mí misma (que no quita pedir ayuda cuando realmente la necesito), y que no me gusta lamerle el culo a nadie.

Salí de la Facultad dispuesta a afrontar el mundo real, pero sin tener muy claro cuál quería que fuera mi camino. Di tumbos entre varios trabajos. Algunos me aportaron más que el dinero. Otros fueron simplemente de subsistencia.

Estando en Madrid, currando de teleop, me apunté a un Master a distancia de Educación Ambiental, al cual llegué buscando información de Ecoturismo, tema que me apasionaba, y me sigue interesando. Después de ese curso, fui teniendo las ideas más claras.

Adoro la naturaleza. Adoro este planeta. Soy parte de él. Somos parte de él. Nos estamos cargando nuestras posibilidades de supervivencia decente y solidaria, y arrastrando con nosotros a otros seres que sólo tienen la culpa de coexistir en la misma era que nosotros, que de sapiens ni el nombre en la mayoría de los casos.

Me encanta comunicar. Me encanta enseñar. Necesito un trabajo que no sea repetitivo, monótono, aburrido. Me ha de suponer un reto. Un aprendizaje constante de muchos temas, y un desarrollo continuo de capacidades. Me he de sentir útil. He de creer en lo que estoy haciendo. Me gusta el contacto con la gente, el trabajo en equipo. Y también el trabajo en solitario. Despertar mi faceta creativa y aunarla con la organizativa, a ver qué sale.

A mi vuelta a Barcelona, intenté adentrarme en ese campo nuevo. Pero carecía de experiencia, y de contactos, y no hubo suerte. Me dediqué a llevar la tienda de fotos con mi madre, y luego el Forum. Al acabar este, tenía la intención de volverme a los Madriles, y probar allí. Pero empecé mi relación antes (post anterior!)… y el trabajo se convirtió en mera supervivencia. Siempre aprendo algo, por supuesto. En Decathlon comprobé en directo que realmente puedo llevar un equipo, aunque no me guste mandar.

Y así seguí hasta que finalmente después de que me echaran de un curro por estar demasiado por encima de lo que se esperaba de mí, decidí hacer un kit kat y pillarme el paro lo que me tocara, mientras me ponía en serio a intentar encontrar trabajo de EA. Y dicen que cuando el alumno está preparado, el maestro aparece. Y apareció un curso de Formación Ocupacional, cuyo nombre recuerdo, el de Monitores de Educación Ambiental. Y allí que me apunté.

Mucha de la información facilitada en el curso ya la conocía de manera autodidacta. Pero el curso me abrió otras puertas. Me facilitó conocer a gente fantástica, a la que quiero un montón y con la que he tenido el gusto de trabajar, los que pasamos hace un año a engrosar las filas de APEU (Associació Pràctiques d’Ecologia Urbana). Me facilitó dar el paso para asociarme a la Societat Catalana d’Educació Ambiental (SCEA). Para hacer unas primeras actividades con críos, y alguna charla.

Y el pasado estío, coincidiendo con el Casal de verano en Castellar del Vallès, empecé a substituir a la secretaria técnica de la SCEA, que se encargaba temporalmente de un proyecto paralelo. Poco después, me llamaron por si tenía disponibilidad para impartir módulos de sensibilización ambiental para los cursos de formación ocupacional (para adultos) en dos academias, una de ellas donde había hecho el curso, la otra en Terrassa. Y acabadas las vacaciones, me encontré que la substitución pasaba a ser un contrato de un año con una jornada de 20 horas, más la organización para ese mismo diciembre de unas jornadas de EA, el Fòrum 2000+6, de las cuales fui la absoluta perpetradora y enmarronada… pero que gustazo dan los aplausos en el autobus de vuelta…

Al final, también acabé encargándome de una parte de la siguiente edición del curso de Monitores de EA (que, por cierto, me acaban de llamar para confirmar el de este año, y ya les he dicho que no va a poder ser… los motivos, entre este post y los siguientes).

Finalizados los cursos en febrero, me contrataron en la empresa Argelaga (40 horas al mes, obra y servicio), para la realización de talleres e itinerarios ambientales y la coordinación y diseño de materiales de una Agenda 21 escolar (si alguien quiere saber qué es eso, que me lo pregunte o que lo busque), así como otros proyectos. Combinándolo con la secretaría de la SCEA, por supuesto.

Ahora el ritmo está más relajado. Pero ha sido un curso frenético. De un trabajo a otro, de un proyecto a otro, y tiro porque me toca, transporte aquí, transporte allí, inexistencia de fines de semana en ocasiones, dos semanas de vacaciones de la SCEA en enero utilizadas para dar clases… ha sido casi vivir para trabajar.

Eso sí, en un mundo que me gusta. Al que le puedo aportar lo mejor de mí misma. Donde me siento útil. Exasperante a veces, pero muy gratificante. Creo en lo que hago, por fin. Me encanta trabajar con niños, pero también con adultos. Es un aprendizaje constante. Encontré mi camino principal… pero todavía estoy buscando la vereda que se desvía hacia el prado verde.

Porque el curro en la SCEA, que es la base de mi sueldo durante todo el año, ya no me aporta nada nuevo. Ya no hay retos. Estoy en un despacho, yo sola. Haciendo trabajo administrativo. Y eso es aburrido. Mucho. No me pone. No me motiva.

Por desgracia, no puedo depender del trabajo de Argelaga, porque por ahora no me pueden garantizar más de las 40 horas al mes, y así no hay quién viva. Y la formación ocupacional, aunque sean unas cuantas horas, está concentrada en 6 meses. El resto del año no hay nada. Y si durante el curso que viene me he de poner a combinar SCEA, Argelaga, y formación ocupacional durante medio año, me puede dar un tramujón gordo. Ya sí que acabo pa psiquiátrico. Implicaría olvidarme de los fines de semana totalmente. Olvidarme de los cursos que me gustaría hacer este otoño en el CENEAM. Olvidarme de taichi, danza del vientre, dibujo, o cualquier otra afición que me supusiera un tiempo del que no dispondría. Olvidarme de cualquier escapada donde fuera, olvidarme de mis amigos. Olvidarme de todas aquellas cosas que también le dan brillo a mi existencia. Olvidarme de vivir, y sólo trabajar. Y por mucho que adore parte de mi trabajo, no puedo hacer eso. Necesito un poco de equilibrio para ser persona. Vale que saco tiempo y energía de donde no hay, pero mis poderes no son ilimitados.

En septiembre se me acaba el contrato con la SCEA. Renovar, me renovarían. Fijo. Pero quizá sea el momento de un cambio, y de adentrarme más en la senda de los verdes brezos y los azules horizontes. Ahora, sólo dependo de mí misma, y de nadie he de responder. Ahora llegan los saltos al vacío. Ahora tengo formación, experiencia, y contactos. Vamos a ver por donde sopla el viento. Vamos a currárnoslo. Los saltos al vacío me ponen. Es la confianza en grado sumo.

Así estamos ahora…

PD. No me planteo oposiciones a profe de secundaria. No me apetece estar año tras año explicando lo mismo a adolescentes a los que en general les importa tres pueblos. No me gusta quedarme estancada en unos mismos contenidos, ni con una misma gente. Punto pelota.

Anuncios

Entry filed under: En tierra de nadie.

Así estamos (I) – Separación? Así estamos (III) – Friends will be friends

4 comentarios Add your own

  • 1. Rapunzell  |  julio 25, 2007 en 5:55 pm

    Yo sí me planteé lo de las oposiciones, mira. Algunas de las personas de las que he aprendido más sobre educación eran profesores que llevaban años y años impartiendo el mismo temario.

    La gracia, por supuesto es evitar la tendencia al estancamiento que mencionas, y conseguir despertar el interés en los alumnos. Los adolescentes pueden ser las personas más pasotas del mundo, pero también la gente que puede vivir un descubrimiento con más entusiasmo. Además, la educación no formal acaba tocando cierta pared que no puede traspasar en la formación de las personas: allí donde empieza el colegio. Y creo que la gente que venimos de ahí tenemos mucho que aportar en las clases “formales”.

    En mi caso, lo que ocurre es que con mi titulación podría presentarme a poca cosa, con poca plaza. Y además, la enseñanza en centros de educación básica te permiten abarcar más edades distintas. Pero no desdeño seguir trabajando con secundaria en otros contextos.

    La pena es que los profesores con plaza no tengan más posibilidades de tener movilidad. Unas prácticas obligatorias en Infantil les ponía yo a todos, mira 🙂

    Responder
  • 2. Txapulín  |  julio 26, 2007 en 9:05 am

    Otro interesante post, sin duda, aunque éste sí que me lo conocía entero…, menos el final, claro, que lo intuía por un par de posts anteriores… Mmmm, no sé, siempre he pensado que la cagaste dejando el doctorado, aunque entiendo perfectamente las razones que te pueden hacer dejar el doctorado (ahora mucho más, por supuesto, que yo he tenido mucha suerte de tener un director constante y más o menos encima de mi trabajo, que llevar una tesis solo es tarea casi imposible). Y lo de que las universidades aquí son casa de putas, lo corroboro, pero eso no debería afectar a los del nivel más bajo que son los becarios. Total, no sólo fueron dos años tirados a la basura, sino un vagar sin rumbo otros tres o cuatro años más, como bien explicas aquí. No sé qué tendrías que haber hecho, igual hubieras perdido un año cambiando de director y de tema de tesis, pero algo habría salido…

    Y yo siempre he pensado que no hay que dejar un trabajo (ni renunciar a uno apalabrado) hasta que tienes bien amarrado el nuevo. Espero que en el siguiente post expliques que sí tienes buenas perspectivas donde quiera que vayas.

    Responder
  • 3. Eleder  |  julio 26, 2007 en 11:14 am

    Ninguna experiencia es exactamente equiparable a otra, desde luego. Pero lo que yo sí puedo decir es que la mejor decisión que he tomado en los últimos años ha sido la de dejar el doctorado. Pasé unos años duros, pero lo que aprendí y lo que finalmente he conseguido supera amplísimamente a las perspectivas que habría tenido en caso de mantenerlo. Mirándolo en perspectiva, me planteo cómo pude tener miras tan bajas en ese momento 😀 Y me habría puesto de los nervios en cada momento…

    Lo dicho, no sé los detalles de la decisión de Elen, pero desde luego puede haber casos donde la decisión sea más que correcta. Y en el mío creo que claramente lo fue 🙂

    Responder
  • 4. lygeum  |  julio 28, 2007 en 11:56 pm

    Bueno soy profesor de ESO en un IES y no comparto eso de que se está enseñando toda la vida lo mismo a los zagales. Que pasan ellos de clases y del profe, eso sí, aunque no todos; pero de un año para otro a mi no me valen ni los exámenes. Cada curso es diferente, vas afinando, puliendo los contenidos… la prensa trae noticias y temas nuevos. Y los profes pasan. Unos se jubilan, otros se trasladan… cada año caras nuevas. La enseñanza formal e institucionalizada es un reto. Y una gran responsabilidad.

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Trackback this post  |  Subscribe to the comments via RSS Feed


Para pensar

"Sólo el que ensaya lo absurdo es capaz de conquistar lo imposible." Miguel de Unamuno

Mes a mes

julio 2007
L M X J V S D
« Jun   Ago »
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  

Instantes robados

IMG_0240

IMG_0006

IMG_0006

IMG_0012

IMG_0059

Más fotos

Pasaron ya...

  • 118,229 hits

A %d blogueros les gusta esto: