Así estamos (I) – Separación?

julio 24, 2007 at 9:30 pm 11 comentarios

Seguramente este va a ser el tema más jodido de tratar, y por eso prefiero abordarlo el primero. No jodido por los sentimientos a remover, sino por lo delicado.

En fin… así estamos.

Hace ya cuatro meses que tuve la CONVERSACIÓN definitiva. Cuatro meses desde que Marc se fue de casa y todo se quedó vacío. Había un hueco en la casa. Un hueco en mi vida. Un hueco en mi corazón. Un hueco que, pese a ser consciente de lo correcto de la decisión tomada, pese a saber que la cuerda ya no aguantaba más y que nos íbamos a ir rodando montañana abajo la piedra y yo, sangraba. No pensé que fuera a doler tanto. Porque dolió horrores. Oh, i tant!

Porque no puedo decir que dejé (dejamos) la relación porque ya no lo quería. O porque había otra persona. O alguna de esas situaciones en que el compañero de tu vida ha pasado a serte indiferente. No. Lo dejé queriéndolo. Lo dejé llorando más yo que él (puta manía masculina de no querer sacar las lágrimas, puta manía masculina de no querer limpiar las heridas). Lo dejé sabiendo que me quedaba en una casa donde se suponía íbamos a construir el futuro, yo sola. Sin abrazos, sin besos. Sin hablar con él, sin verle al llegar a casa. Sin acostarnos con un Te quiero, sin levantarnos con una mirada compartida. Lo dejé sabiendo que estaba mal, muy mal, y que mi decisión podía conllevar una catástrofe. Lo dejé con esa opresión en el corazón, con ese nudo en el estómago. Pensando que si sucedía esa catástrofe no me lo podría perdonar en la vida, pero que de todas formas tenía que actuar de la forma que actué.

Porque me había acercado peligrosamente al punto de no retorno. Estaba ya al borde del abismo, tocando el precipicio con la puntita de los pies. Era una sombra de mí misma, un fantasma, totalmente absorbida la energía. Gris, los ojos vacíos. Sí, seguía adelante. Siempre he seguido adelante. Siempre he sido de dar no una segunda oportunidad, sino una tercera, y una cuarta, y una… Hasta que hay algo dentro que tira. Que dice Este es el límite. Hasta aquí puedo leer. Y os aseguro que casi llevaba leída una biblioteca entera. Que la losa era enorme. Que yo tomé la decisión de cargar el peso, y que por tanto no puedo achacarle a otro la culpa, o la responsabilidad de eso. La responsabilidad de otras cosas, sí. Pero no de lo que yo asumí.

Y asumí demasiado. Asumí durante dos años y medio ser madre, enfermera, amiga, amante, chacha, psicóloga… Asumí llevar el peso. Del trabajo. De la economía familiar. De la casa. De la relación. Me ahogué de deudas. Me ahogué de responsabilidad, de preocupación, de ansiedad, de estar pendiente a todo momento de cuando la otra persona se va a quedar sin trabajo de nuevo, se va a encontrar mal, se va a gastar lo que no debe. Me ahogué de no permitirme ningún capricho, de no anteponer en ningún momento mis necesidades. De posponerlo todo. Me ahogué de perder la confianza, de perder la fe, de perder la esperanza, de perder los sueños… en un sitio en el que me ha costado volver a llegar. De fines de semana metidos en casa, notando unos muros enormes levantados alrededor del otro, y sabiendo que diera lo que diera de mí, hiciera lo que hiciera, luchara lo que luchara, la solución no estaba en mis manos.

Porque, en contra de lo que varios de mis amigos pensaron, no estaba ciega, ni encegada. Ni ellos tenían toda la información en su momento, y si la hubieran tenido entonces, aún se habrían sorprendido más. Me doy cuenta de las cosas, y en ocasiones veo aún más allá de lo que pensáis. Buena quizá, pero no tonta. Supe que me estaba arriesgando. Más de lo que os podéis suponer algunos de vosotros. Pero decidí aceptar las cartas. Y mirar de jugarlas lo mejor posible. Dándolo todo. Demostrando que vivir valía la pena… aunque casi me quedara con mi vida por el camino. Cuando nos conocimos en el 2004, le dediqué una canción de Serrat: Para vivir. Nunca dejé de considerarla válida.

¿Y sabéis qué? Que no me arrepiento. De nada. Ojalá todo hubiera ido de otra manera, por supuesto. Ojalá no me hubiera destrozado la boca al comerme el suelo. Claro. No me gusta sufrir. Pero aprendo. He aprendido mucho estos dos años y medio. Sobre todo de mí misma.

He visto de lo que era capaz. He visto también cosas que no me han gustado, cosas que no me esperaba de mí. Y me he esforzado en cambiarlas. El tiempo dirá si lo he conseguido. Porque aunque tropiece con la piedra, y mis rodillas acaben peladas, yo no le doy un patadón a la piedra después. No. Me agacho, contusionada, recojo la piedra del suelo, la contemplo, y pienso si podría construir algo bonito con ella.

No me arrepiento de haber querido a Marc, y de haberlo dado todo para intentar que fuera feliz, o al menos más feliz de lo que había sido el resto de su vida. Algo conseguí. Hasta que ya no pude conseguir más, y estaba tan empequeñecida que no me reconocía en el espejo.

Y hasta ahí llegué. Fue una decisión muy meditada. No fue fácil. Cuando vas por el mundo sin barreras, estas cosas nunca son fáciles, y menos cuando das tú el paso.

El primer mes fue duro. Doloroso. Fueron horas y horas de lágrimas lanzándose mejillas abajo. Y eran lágrimas amargas estas. Lágrimas en unos ojos sin brillo, privados casi de alma. Lágrimas saliendo de un vacío. Y me permití llorar, y sangrar, sin regodearme en el dolor, pero permitiendo que éste saliera antes de cauterizar la herida. Sin detener la hemorragia hasta que el corte no estuviera suficientemente limpio, para que la cicatriz no fuera espantosa y me torturara con sus ecos tiempo después. Había tanto por limpiar… Me lo permití todo lo que fue necesario. Y con cada gota, la luz se despertaba un poquito. Y empezaron a existir más momentos de tranquilidad que de tristeza. Y luego apareció algún instante de alegría serena. Y poco a poco, pasado el mes uno, me fui recuperando a mí misma. Permitiéndome ser egoísta inteligentemente durante un tiempo. Dicen que a la naturaleza no le gustan los huecos, los vacíos. Que necesita llenarlos. Y el mío se fue llenando.

Hay cosas en las que no he cambiado. No quiero cambiarlas. Otras que se han visto templadas por la experiencia.

Y sí, seguramente volveré a querer. Es una de las cosas que no quiero cambiar, porque sino no sería yo. Sólo que ahora voy con la cabeza bien alta. Ahora acepto mi valía. Sigo reconociendo la ajena. Pero no voy a buscar aprobaciones externas. No necesito demostrarle nada a nadie. Creo que ahora ya ni a mí misma. Me vais a ver con la sonrisa en la cara, con el brillo en la mirada. Con confianza. Con coraje. Luchando siempre. Jugando siempre. Levantándome siempre. Y a quién no le guste, quién no lo entienda, que no mire. Que no compre. Que es lo que hay. Ni más ni menos.

Y así estamos ahora…

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Entry filed under: En tierra de nadie.

Así estamos – Preludio Así estamos (II) – Deformación profesional

11 comentarios Add your own

  • 1. Txapulín  |  julio 26, 2007 en 9:01 am

    Jo, Vane, en cuanto he leído el título pensaba que te volvías a arrejuntar y te iba a echar una bronca de mucho cuidado. Una vez leída la reflexión, me ha gustado mucho que pongas en claro lo que ha sido tu relación con Marc, porque ni los que más te conocemos teníamos todas las piezas del puzzle, pero vamos por partes, que hay mucha tela:

    …Había un hueco en la casa. Un hueco en mi vida. Un hueco en mi corazón. Un hueco que…

    Normal, le querías, y vivías con él, lo normal es que duela.

    Lo dejé sabiendo que estaba mal, muy mal, y que mi decisión podía conllevar una catástrofe. Lo dejé con esa opresión en el corazón, con ese nudo en el estómago. Pensando que si sucedía esa catástrofe no me lo podría perdonar en la vida, pero que de todas formas tenía que actuar de la forma que actué.

    Este tema lo hemos hablado, o al menos yo te lo he intendado sacar, pero es la primera vez que te veo admitir que podía suceder esa catástrofe. Lo que intentaba decirte es que pasara lo que pasara no te podías sentir culpable porque tú no tienes la culpa. La versión suave de este tema es la posibilidad que él te siguiera acosando y te quisiera hacer sentir culpable (lo típico: “¿Por qué me dejaste?” “No puedo seguir sin ti”…), pero ya me has dicho que esto no es así. Y es como tiene que ser.

    Era una sombra de mí misma, un fantasma, totalmente absorbida la energía.

    Y esa es una poderosísima razón para dejarle. Es de esas personas negativas que no tienen energía para ellos y absorben la del entorno. Malo, muy malo.

    Que yo tomé la decisión de cargar el peso, y que por tanto no puedo achacarle a otro la culpa, o la responsabilidad de eso. La responsabilidad de otras cosas, sí. Pero no de lo que yo asumí.

    Ésta es la parte que tus amigos no entendemos, si dices que te diste cuenta antes ¿por qué no lo paraste antes? Antes de endeudarte, antes de la boda, ¿de verdad tenías esperanzas de arreglarlo? ¿de que fuera bien? Supongo que sí, si no, no lo hubieras hecho, pero entonces ¿por qué niegas que estabas encegada?

    Ni ellos tenían toda la información en su momento, y si la hubieran tenido entonces, aún se habrían sorprendido más.

    Es cierto que no teníamos toda la información, pero sospechábamos cosas, sabíamos por tus caras, por algunos comentarios, cómo estaban yendo las cosas y no entendíamos cómo podías seguir aguantando más que en un proceso de negación contínua. Nosotros pensábamos que no nos contabas lo que estaba pasando dentro de tu casa porque no querías escuchar que lo que necesitabas era separarte, que lo que tenías que haber hecho es no casarte. Y nadie entendía en la boda por qué te estabas casando tan pronto y tan endeudada.

    ¿Y sabéis qué? Que no me arrepiento. De nada.

    Y bien que haces. El arrepentimiento sólo es un concepto católico para no volver a pecar y ser absuelto. En este caso no aplica, porque no hay pecado. Esta filosofía de “y la experiencia que he ganado” es válida sobre todo para los malos momentos. Yo también he dado varios pasos equivocados en mi vida, que me han servido para deshacer el camino, reconocerlo y pensar “no vuelvo a pasar por aquí”.

    Y sí, seguramente volveré a querer. Es una de las cosas que no quiero cambiar…

    Ni falta que hace, eso sí, a ver si el próximo es algo más adecuado :P.

    Un besote. Y ya sabes, por aquí andamos tus amigos.

    Responder
  • 2. Eleder  |  julio 26, 2007 en 11:21 am

    “¿de verdad tenías esperanzas de arreglarlo? (…) pero entonces ¿por qué niegas que estabas ‘encegada’?”

    Y a esto sólo puedo contestar con las palabras de Cordelia Vorkosigan:

    “-¿Tú? Te conozco. Confías más allá de la razón.
    -Sí. Por eso obtengo resultados más allá de la esperanza”

    Lo que no quita que esos resultados se obtengan siempre. Sólamente en Dios es posible confiar de forma absoluta. Pero errar por confiar de más en alguien a quien se quiere es el mejor tipo de error que se puede cometer.

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  • 3. Níniel  |  julio 27, 2007 en 9:15 am

    Totalmente de acuerdo con Txapu en sus apreciaciones. El otro día hablando contigo, dijiste algo así como ya llevaba 2 años y medio tirando del carro… y tras una cuenta mental, pensé ¿y por qué se casó?

    Eleder, respecto a la frase de Cordelia… muy buena frase para un libro, pero la realidad es que hay que racionalizar la confianza. No todos tenemos a SegImp detrás para recogernos cuando caemos…

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  • 4. Abriendo puertas « Ecdisis Cotidianas  |  agosto 1, 2007 en 12:14 pm

    […] es el adecuado. Por supuesto, tenemos que caer para aprender a levantarnos, y conviene, como decía Vane hace poco, recoger la piedra y observarla, buscando en ella aprender algo más. Pero lo que no […]

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  • 5. anonimo  |  agosto 28, 2007 en 3:36 pm

    La reflexión de Eleder suena a falsa, la verdad es que me parece una justificación que necesita para seguir adelante. Marc tiene que ser una persona valiosa para haberlo querido así.

    En cuanto a los comentarios de los “amigos”, la verdad es me parecen bastante malintencionados, noto cierta envidia porque Eleder ha querido tener cierta grandeza de espíritu. No sé, Eleder, a ti te veo cobarde pero con altura de miras. Los tales Rxapulín y Níniel, sinceramente me parecen pobres tipos incapaces de entender el amor y la generosidad.

    Es una impresión. Salud.

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  • 6. Capitan Napalm  |  agosto 29, 2007 en 9:11 am

    No me mola contestar a anónimos, pero haré una excepción.

    Primero, no es incompatible amar a alguien y que ese alguien te esté haciendo polvo.
    Segundo, lo único que ocurre, y es muy normal, es que Txap y Niniel son más amigos de un lado que del otro.
    Tercero, me parece un juicio de valor por tu parte en el mejor de los casos apresurado.

    Muchas veces, hay que apostar a muerte y perder todo para sacar una lección valiosa. Si eres tibio y te retiras a mitad de la partida, nunca sabes si simplemente es que no pusiste toda la carne en el asador.

    Me parece que tienes mejores intenciones que capacidad de expresarlas correctamente, pero al contrario que tú, no sacaré grandes conclusiones incorrectas de un comentario aislado.

    Salut y força al canut.

    Responder
  • 7. anonimo  |  agosto 29, 2007 en 5:26 pm

    Soy anonimo porque no conozco a nadie aquí. Simplemente estoy en una situación parecida a la de Eleder y me ha sorprendido la incapacidad para comprenderla de sus “amigos”, que me siguen pareciendo malintencionados y ciegos (ellos sí que están ciegos) ante una historia tan humana como la de E.

    A veces una visión desde fuera puede servir para sacar conclusiones más “correctas” que desde dentro.

    Es natural intentar razonar una justificación para poder seguir adelante (es lo que yo intento hacer en mi caso) pero el fondo de la cuestión es que la conciencia de Eleder sobre su situación está muy por encima de la de su entorno. Y sin embargo la llamo “cobarde” con afecto. Siempre se puede hacer más, siempre se puede amar más. Y sí, como tú dices, hay que apostar a muerte, pero no para sacar una lección valiosa -la vida no es un libro de fábulas-, sino porque se ama a otra persona, entera. Hay demasiado orgullo en esta sociedad que no entiende que la fortaleza mayor, el orgullo mayor es aceptar el amor con todas sus consecuencias.

    La cobardía de Eleder es muy humana, y está a años luz por encima de los comentarios de sus “amigos”, que ven el dedo y no la luna. Yo comprendo a Eleder y no la juzgo. Al contrario, ha llegado más lejos de lo que hace la mayoría, incluyéndome yo mismo. Por eso me entristece leer un discurso justificatorio. Diga lo que diga ella, tiene algo de “arrepentimiento”.

    En todo caso, agradezco la respuesta de Napalm, con el que estoy de acuerdo en todo. Y ya no me meto más. Es que cuando uno vive situaciones similares se siente tan concernido que a veces no se calla.

    Suerte.

    Responder
  • 8. Rapunzell  |  agosto 30, 2007 en 6:42 am

    Anónimo, creo que, para empezar, confundes “Eleder” con “Elengaer”.

    Responder
  • 9. Capitan Napalm  |  agosto 30, 2007 en 7:04 pm

    Anónimo, nunca ha habido un problema con que hables. De hecho, una discusión es directamente proporcional en interés al número de participantes articulados que la habita.

    Yo creo que efectivamente, puede que ella sea mucho más consciente y fría que el resto de sus amigos, que sólo quieren protegerla e intentar que deje de sufrir. Y efectivamente, el buscar la lección no es el objetivo, sino el resultado al cierre del ejercicio.

    Fundamentalmente discrepo de ti en una cosa. Hay un concepto en economia que se aplica aquí, el “sunken cost”. Es cuando una inversión se asume como completamente perdida, porque no hay manera de recuperarla. Meter más dinero para intentar recuperarlo (El efecto jugador, esperando la buena racha) sólo te hace perder más dinero.

    A veces por más amor y energía que inyectes, algunas plantas se han secado y ya está. Puedes hacer otra, pero aquella se murió y lo único que queda es abono para la próxima.

    Responder
  • 10. Rapunzell  |  septiembre 1, 2007 en 6:21 pm

    Aunque de forma lateral, creo que esto viene al caso en la discusión.

    Creo que se pueden distinguir dos clases de error cuando uno mira hacia el pasado.
    Uno es el tipo “no era la mejor decisión, pero en el momento no se podía tomar otra máa fundamentada”. Un ejemplo claro de esto es comprar un número para el sorteo de navidad. El día 23 de Diciembre puedes comprobar que no compraste el número premiado, pero eso no podías saberlo el día 21.

    Otro tipo diferente es el “no le puse suficiente esfuerzo, lo tenía que haber visto venir, me dejé obnubilar porque me dejé comer la oreja, deposité mis esperanzas donde no debía, etc”. Vamos, la clase de error que sí puedes prever, realmente.

    A veces me resulta muy difícil precisar si, cuando cometo un error al depositar mi confianza en que una persona se va a comportar como dice que se va a comportar, ese error es del primer tipo o del segundo. A veces hay parte de los dos.

    La mala noticia es que, si se trata del segundo tipo, tú eres responsable del fallo. la buena noticia es que ese es el ipo del que se puede aprender más.

    Pero también hay que dejar ciarta manga ancha para pensar en el tipo “sorteo de Navidad”. Porque a veces, como dice el Capi, no queda mucho más que apostar a ver cómo sale el experimento. En el transcurso del mismo te desgastas, claro que sí, pero a veces no hay más forma de testear la probabilidad que jugar, y ver así cuántas opciones hay a favor.

    En todo caso, aprendes de ti mismo. Seguramente esa sea la parte mejor que se lleva Elengaer de todo esto 🙂

    Responder
  • 11. vanesancho  |  septiembre 2, 2007 en 4:03 pm

    Gracias, Capi, Rapun, por vuestras aportaciones. Y sí, a veces no queda sino apostar, dar el todo por el todo. Porque estoy de acuerdo con Eleder en confiar más allá de la razón… y eso no implica no darse cuenta de las cosas, ni apearse cuando ves que ya es lo que toca. Y aprendes… sí, un montón. De ti mismo. Y del resto, también. Al menos, procuro aprender siempre.

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