Cal Paller

octubre 7, 2006 at 11:10 pm 1 comentario

La última semana de agosto, después de todo un mes de julio de pluriempleo y de niños arriba y abajo, nos fuimos a desconectar y relajarnos a una casita de turismo rural, en la comarca del Alt Urgell.

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A prácticamente una hora de curvas desde la capital de la comarca, cerca de las estaciones de esquí de Port del Comte y Tuixén-La Vansa, en pleno valle de la Vansa, en el Prepirineo y limítrofe con la Sierra del Cadí-Moixeró, esta zona ha conseguido evitar, al menos por ahora, el desfase urbanístico que sufre su vecina Cerdanya.

Montañas, verdor, noches estrelladas, silencio, senderos, … todo eso y más lo pone el entorno.

Cal Paller pone la guinda. Tras restaurar una casa de pastor en el borde de un pseudo acantilado, Eva y Pep le ponen todo el cariño y saber hacer necesarios para que te sientas, no como en casa, sino mejor aún.

Cada rincón de la casa, desde las habitaciones hasta la sala de estar, pasando por el mirador, el jardín de aromáticas, el comedor, o el magnífico jacuzzi con vistas al ocaso pirenaico, es un espacio donde entretenerte, donde alargar las horas, donde conversar con otros que, como tú, han conseguido reservar unos días de pausa en este sitio. Ningún lugar se te hace extraño ni incómodo. Puedes estar leyendo horas enteras sin tener la sensación de que has de hacer alguna otra cosa porque estás perdiendo el tiempo.

Y la comida… no desmerece a ningún restaurante de categoría que se pueda encontrar en Barcelona: imaginativa, sabrosa, con productos naturales, abundante… Los kilos que había perdido los recuperé de golpe, y eso que iba de excursión!

Hasta el más mínimo detalle está cuidado, pero sin sobrecargar.

Recuerdos de tomar una infusión después de la cena, acomodados en el diván del mirador, contemplando la noche y charlando tranquilamente con otras parejas (saludos a Richard, Tati, Oscar y Mº Carmen, un placer guapos). Recuerdos de burbujas en el spa, calentitos en el fresco de la tarde mientras el sol se ponía y teñía el cielo de malvas y anaranjados. Recuerdos de picnic a la sombra, degustando una sabrosa ensalada, con los pies en la hierba fresca y contemplando a los caballos. Recuerdos de noches de sueño reparador, y de saludos matutinos al día, al sol y a las montañas…

Volveremos, seguro.

Mientrastanto, siempre nos quedará recordar Cal Paller.

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Entry filed under: Personalmente.

Mandalas Hay verdades como puños…

1 comentario Add your own

  • 1. Luiyo  |  octubre 13, 2006 en 6:30 pm

    Tiene buena pinta sí 😀

    Responder

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