Las elecciones también.
En ocasiones te colocan en un dilema. Pongamos por caso, ¿con qué libro te quedarías? ¿El Señor de los Anillos o Canción de Hielo y Fuego? Ñiec, error. ¿Cuál te gusta más? Ñiec, error again. Me gustan los dos. Me quedaría con los dos? Depende. Depende de lo que busque y lo que encuentre al leérmelos. No voy a buscar una mitología ni la eterna lucha entre el bien y el mal en Canción. No voy a buscar una trama dentro de otra y unos personajes complejos y evolucionantes en El Señor. Me los leí en épocas y contextos diferentes. Ambos me aportan algo. Sin embargo, ahora me quedaría con Miles Vorkosigan. Que eso no quiere decir, para nada, que me guste más que los otros dos.
Pongamos otro caso. Tu madre te pregunta, ¿qué prefieres, Estella o Cádiz? Ñiiiiiiiiiiieeeeeeeeeeeeeeeeecccccc. Fallo del sistema.
Cádiz es blanca y azul. Estella es verde. Cádiz es mar. Estella, río y colinas. Cádiz es abierta. Estella, recogida. Cádiz es sol. Estella, un manto de estrellas. Cádiz es un puerto, Estella un camino. Los olores son diferentes. Los sonidos, la gente. Las dos tienen su historia, su arte, su sensibilidad, su riqueza. Por ambas he ido de la mano, literal o metafóricamente, de personas que amaban ese lugar, y que transmitían ese amor. De personas a las que me quiero con locura, y me quieren. También de formas diferentes.


Conocí Cádiz en julio. Estella en septiembre. Me aficioné al tinto de verano. Aún tengo que probar el pacharán.
Soy norteña, sin embargo me crié embebida en los azules del Mediterráneo.
Me pasaría horas sentada en el muelle del puerto gaditano. Otras tantas en el puente sobre el Ega.
Los encantos de una no desmerecen los encantos de la otra. Las prefiero a las dos. Hay sitio suficiente. Al fin y al cabo, Barcelona me dio el mar y la montaña. Y ella está allí, en el fondo, por siempre.
Aunque, por diversos motivos, de razón y corazón, mis elecciones me lleven a tierras navarras, espero que por un tiempo muy prolongado, pues los siempres son inciertos, cuento con que sigan recibiendo bien a las visitas en el otro extremo peninsular, para cuando se tercie. Y sin ser en un chino, repetir cena y noche intemporal un gaditano, un navarrico y una catalana. Démoslo por hecho.