10.15.07
Autodedicatoria
Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar:
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.
Éste era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.
Una tarde la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.
La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
y una pluma y una flor.
Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.
Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.
Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.
Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.
Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?»
La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».
Y el rey clama: «¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho!
El Señor se va a enojar».
Y dice ella: «No hubo intento;
yo me fui no sé por qué;
por las olas y en el viento
fui a la estrella y la corté».
Y el papá dice enojado:
«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver».
La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.
Y así dice: «En mis campiñas
esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».
Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.
La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.
Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.
Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.
Esta mañana apareció entre mis manos una de mis poesías favoritas de la infancia. Buscando con Rapun libros en la sección de peques en la biblioteca de Rivas-Vaciamadrid, necesarios para una actividad de club de lectura de este sábado, me saludó desde el estante de los versos. Me recuerda a mi abuela. Hace que aflore una sonrisa en mi boca, y una lágrima en mis ojos.
Quizá ha influido en mi humor curioso de hoy. El acúmulo de cambios me convierte en ocasiones en una montaña rusa emocional: pese a estar motivada, alegre, expectante… me siento quizá como si tuviera que devolver la estrella, y eso me entristece. O puede que, en el fondo, la astenia otoñal y el síndrome ese que toca una vez al mes estén actuando juntos en mi contra, poniendo el contrapunto melancólico allí donde realmente despunta el entusiasmo.
Las hojas deben ser un caleidoscopio tonal en el Norte en estos momentos.





Raquel escribió,
Octubre 16, 2007 a 3:07 pm
Lo preocupante seria si tus sentimientos fueran estables. Ademas debe ser muy aburrido, no? No se, como nunca lo he experimentado no te lo puedo explicar
Txapulín escribió,
Octubre 17, 2007 a 12:42 pm
Los altibajos son completamente naturales, y más con el shock del cambio. Es que lo preocupante sería que no los tuvieras. Habrá decepciones (cosas que esperabas encontrarte con el cambio que simplemente no están allí) que serán compensadas con buenas sorpresas. That’s life.
Txapulín escribió,
Octubre 17, 2007 a 12:43 pm
(Me acabo de dar cuenta que si me descuido copio la frase de Raquel sobre “lo preocupante”, y luego me va pidiendo copyrights. Quede este comentario como “me doy por enterado”.)
vanesancho escribió,
Octubre 17, 2007 a 2:04 pm
Sí, empezáis a pasar demasiado tiempo juntos. Eso, o el clima de las Islas. XDDD
Txapulín escribió,
Octubre 17, 2007 a 2:41 pm
Es lo primero, definitivamente
.