Si tuviera que escoger sólo dos, dos rincones que han encontrado un hueco en mi alma estos últimos días, no lo tendría muy difícil…


La basílica de la Virgen del Puy, en Estella, y el nacedero del Urederra, en el Parque Natural del Urbasa-Andía.
La primera ha ido a compartir espacio con Santa Maria del Mar. En lo alto de una colina, con Estella a sus pies, rodeada de lomas verdes… está llena de luz. Cuando entré, y me senté, y miré a lo alto, sólo pude pensar… Dios mío, está lleno de estrellas. Y sentí que una parte mía había encontrado un hogar. Estrellas, flores, y luz. Y paz. Una alegría serena. Y una lágrima. Gracias.
El segundo, enmarcado en un hayedo impresionante, se da de codazos con el Pradillo en Camorritos. Sube alternando saltos de agua con pozas de todos los tonos verdes y azules, de líquido frío y cristalino, hasta las paredes de los riscos de Urbasa, sobrevoladas por buitres leonados. La luz juega con las frondas arbóreas, y el sonido de las cascadas te envuelve. Deseas detenerte a cada paso, y sumergirte en tanta nitidez y belleza. Gracias.
Ni las imágenes ni las palabras hacen justicia.
Gracias. Por hacerlo posible. Por compartirlo conmigo. Por formar parte de esos instantes.






Septiembre 13, 2007 a las 11:40 am
Si la primera foto es tuya, me encanta. Si no, también, pero tiene menos mérito.
Septiembre 13, 2007 a las 11:56 am
Sí, la primera es mía. Lástima que se ve un poquillo oscura aquí. Para ser una construcción religiosa del siglo XX, es preciosa. Nada que ver con la Almudena, que me da la sensación de estar en un centro comercial…
Septiembre 13, 2007 a las 8:14 pm
Es de 1957, y yo fui el afortunado guia enamorado que la llevó de la mano por esos lugares, te quiero preciosa.