Así estamos (III) - Friends will be friends

Julio 25, 2007

Sí, sé que dije que iba a ser un post sin fotos. Sin embargo, ésta es la excepción que confirma la regla. También es un episodio postil con música específica. Junto con Las malas compañías de Serrat, que la mayoría ya conocéis porque os la he dedicado, tiene de fondo la banda sonora de Los amigos de Peter; Friends will be friends, de Queen, y Amigos para siempre, la versión de Los Manolos.

Así estamos pues…

Cómo puede apreciarse en la fecha, la foto tiene 13 años ya. Soy la de azul, obviamente. Somos los de Sant Miquel. La colla. Curioso. Ahí, y en la teoría de los vasos comunicantes de Txapu, podríamos decir que empezó mi idilio con la amistad.

Tengo un par de grandes amigas que conozco de antes, pero con las que la amistad se ha forjado y consolidado tiempo después.

Sin embargo, esta gente me hizo grande. Me hizo ver que no estaba sola. Me aceptó, me respetó, me quiso como persona. Y como amiga. En una época en la que no me sentía encajar en ninguna parte. Allí aparecieron. Entre notitas, salidas al cine, confidencias, meriendas en La Ronda, excursiones,… compartiendo nuestra adolescencia, nuestros deseos, nuestras dudas, nuestros miedos, nuestros descubrimientos.

Según Rac, en esa época yo daba tanta confianza que no cogerse a ella acababa siendo imposible. Creo que es algo que sigo haciendo, en parte.

El verano del 94, con unos tres años de andadura a nuestras espaldas, me sentía feliz. Mi vaso de la amistad estaba a rebosar, gracias a esta gente. Gracias a ella, a su apoyo, a su mera existencia, el ostión que tuve que afrontar unos meses después con la muerte de mi padre fue diferente. Crecimos juntos, en parte. Y como hablaba un día con Robe, hay una especie de chispita. Una chispita que, pese a los años, pese a las distancias, pese a las vidas ahora ya separadas, pese a las evoluciones de cada uno, sigue estando ahí. Que nos permite que el tiempo no transcurra, que en los reencuentros parezca que Sant Miquel fue ayer, que siga pensando que sólo hay amigos. Y que vale la pena vivir por ellos, y hasta morir por ellos, si así debe ser, como decía Stephen King.

La colla como tal ya no existe. Pero las personas que la compusieron siguen ahí. En su huequito en mi corazón. Os quiero no sabéis cuanto.

Y con el paso del tiempo otras gentes han encontrado sus agujeros ahí dentro. No diré que se pueden contar con los dedos de la mano. Mentiría como una bellaca. Doy gracias a que me falten dedos. Y para mí eso es como el aire que respiro. Es como mi vida misma. Algunos entraron directamente y por la puerta grande, otros pasaron por debajo de mi radar. Algunos ha sido un curro compartido durante años, decidiendo qué ladrillo sería necesario colocar para que la estructura fuera idónea para ambos. Algunos recién empiezan a construir en estos momentos, preguntándose si valdrá la pena y si serán resistentes los cimientos.

Porque hay que reconocer que mi confianza la doy fácilmente. Mi amistad, si creo que el esfuerzo y el cariño invertidos han de merecer la pena, también. Pero no es algo regalado de mantener. No es algo a dar por supuesto, porque sí, a las primeras de cambio. Porque igual que la he dado, puedo retirarla.

Porque quiero que mis relaciones me engrandezcan, no empequeñecerme con ellas. Ya dije que no quiero ir de visita por vuestras vidas. Que quiero poder reconocerme después. Que me duele echar una casa a tierra, podar un árbol; pero lo hago si es necesario.

Porque el respeto, la confianza, el cariño, el estar ahí, han de ser mutuos. Me gusta la reciprocidad en términos generales, on a regular basis. Que ir de copas con alguien y echar unas risas es muy sencillo. Echar el resto es más complicado. Hay muchas más cosas por compartir. No soy perfecta, lo sé. La habré cagado más de una vez, le habré fallado en alguna ocasión a alguien que me necesitaba. Y lo siento en el alma si ha sido así. Pero procuro no ir por esa vía, al menos estando en plena disposición de mis facultades.

Encontré relativamente pocas semanas atrás un artículo que tenía guardado de hará ocho años, en el que hablaba de amantes y amigos. Y esto me gusta…

Porque los amigos son el ancla de los afectos, el sentimiento que se esponja con los años, la construcción sólida de lo que uno sabe y lo que uno es. Los amigos son tu base, el esqueleto.

Podré no tener una relación de pareja y sentirme feliz, pero si no tengo a mis amigos, nada valgo. Cierto. Sois mi base. Mi esqueleto. Gran parte de lo que hace que esto valga la pena vivirse. Que no os dé miedo oírme decir lo que siento por vosotros. U os tendréis que calzar los machos, porque es lo que hay. Sobre todo los nuevos. Los que venís de lejos conmigo por el camino, sabéis que no soy peligrosa. Que podré morder, pero que eso no es malo. Si no apreto demasiado, claro! XD

Y lo cierto es que, aunque estéis en mi corazón, muchos de vosotros andáis lejos. Muchos más de lo que es sano y adecuado. Quizá algunos no físicamente, pero sí lejos con vuestros compromisos y vuestras vidas. Y os echo de menos. Quiero compartir cosas con vosotros, y la distancia no lo facilita. Suerte de blogs, MSN, mails y demás. No es lo mismo, pero ayuda. Sin embargo, a veces el camino se hace cuesta arriba.

Its not easy love but you’ve got friends you can trust
Friends will be friends
When you’re in need of love they give you care and attention
Friends will be friends
When you’re through with life and all hope is lost
Hold out your hands cos friends will be friends right till the
End

Necesito estirar las manos y encontraros ahí. Ahora es lo que más falta me hace. Y quiero también que vosotros sintáis que estoy al alcance. La lástima es que no puedo estar cerca de todos a la vez. Pero se hará lo que se pueda. He descuidado esto demasiado tiempo para mi gusto.

Te quiero. Sí, a ti te lo digo. Y a ti también. Y al otro. Y a vosotros dos. Y a los de más allá. Os quiero.

Podéis huir y esconderos, pero eso no cambiará fácilmente lo que siento. O sea que mejor asumidlo. Ya sabéis. Si la violación es inminente, relájate y disfruta. :D Deseo que haya unos cuantos con ganas de seguir disfrutando(nos) hasta los restos.

Y en ocasiones, si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña. No es cierto, Eleder? ;)

Y así estamos ahora…


Así estamos (II) - Deformación profesional

Julio 25, 2007

Un tema importante. El trabajo. No me gusta vivir para trabajar, aunque en ocasiones lo haya hecho. Sin embargo, para mí el trabajo no es algo aparte y desvinculado del resto de mi existencia. Forma parte de mi vida. Son horas de mi tiempo, es mi energía vital, la que está siendo invertida allí. Por eso considero fundamental que mi trabajo me aporte algo más que dinero, y por lo cual a mí me gusta implicarme en lo que estoy haciendo.

Así estamos…

Me licencié en Biología hace ya nueve años. Buenas notas, y todo eso, pese a la depresión que arrastré durante todo un curso. Entre todas las carreras que me apetecían, me decanté por esa. Dejando aparcadas otras como periodismo, arqueología, astronomía y astronáutica, bellas artes, informática, veterinaria… creo que las únicas que no me llamaban nada eran medicina, derecho y económicas-empresariales. Fíjate tú. Triste que luego te tengan que hacer la bromita típica de la Obregón… parece que en ocasiones la gente no anda sobrada de recursos mentales.

A su vez, el primer trabajo que tuve fue de profe. Supongo que como muchos adolescentes de nuestra generación, que se ganaron sus primeras pelillas dando clases particulares. Empecé con 16 años, y de forma más o menos intermitente, fui ejerciendo durante los 10 años siguientes. Quizá estas cosas marquen…

La cuestión es que una vez terminada la carrera, me enredé con el Doctorado, en Genética, con mi profe preferido. Lo dejé a los dos años y medio, después de constatar que efectivamente aquello era una casa de putas, que las puñaladas te llovían de todos los sitios, incluido tu propio grupo. Que a mí aquellas paredes del laboratorio se me venían encima si tenía que pasarme todo el día allí. Aprendí, eso sí. De método científico, más que en la carrera. De otras cosas también. Me dijeron que tenía madera para llevar un equipo. Que era increíblemente rápida a nivel mental. También constaté que era independiente, que me gusta ser capaz de valerme por mí misma (que no quita pedir ayuda cuando realmente la necesito), y que no me gusta lamerle el culo a nadie.

Salí de la Facultad dispuesta a afrontar el mundo real, pero sin tener muy claro cuál quería que fuera mi camino. Di tumbos entre varios trabajos. Algunos me aportaron más que el dinero. Otros fueron simplemente de subsistencia.

Estando en Madrid, currando de teleop, me apunté a un Master a distancia de Educación Ambiental, al cual llegué buscando información de Ecoturismo, tema que me apasionaba, y me sigue interesando. Después de ese curso, fui teniendo las ideas más claras.

Adoro la naturaleza. Adoro este planeta. Soy parte de él. Somos parte de él. Nos estamos cargando nuestras posibilidades de supervivencia decente y solidaria, y arrastrando con nosotros a otros seres que sólo tienen la culpa de coexistir en la misma era que nosotros, que de sapiens ni el nombre en la mayoría de los casos.

Me encanta comunicar. Me encanta enseñar. Necesito un trabajo que no sea repetitivo, monótono, aburrido. Me ha de suponer un reto. Un aprendizaje constante de muchos temas, y un desarrollo continuo de capacidades. Me he de sentir útil. He de creer en lo que estoy haciendo. Me gusta el contacto con la gente, el trabajo en equipo. Y también el trabajo en solitario. Despertar mi faceta creativa y aunarla con la organizativa, a ver qué sale.

A mi vuelta a Barcelona, intenté adentrarme en ese campo nuevo. Pero carecía de experiencia, y de contactos, y no hubo suerte. Me dediqué a llevar la tienda de fotos con mi madre, y luego el Forum. Al acabar este, tenía la intención de volverme a los Madriles, y probar allí. Pero empecé mi relación antes (post anterior!)… y el trabajo se convirtió en mera supervivencia. Siempre aprendo algo, por supuesto. En Decathlon comprobé en directo que realmente puedo llevar un equipo, aunque no me guste mandar.

Y así seguí hasta que finalmente después de que me echaran de un curro por estar demasiado por encima de lo que se esperaba de mí, decidí hacer un kit kat y pillarme el paro lo que me tocara, mientras me ponía en serio a intentar encontrar trabajo de EA. Y dicen que cuando el alumno está preparado, el maestro aparece. Y apareció un curso de Formación Ocupacional, cuyo nombre recuerdo, el de Monitores de Educación Ambiental. Y allí que me apunté.

Mucha de la información facilitada en el curso ya la conocía de manera autodidacta. Pero el curso me abrió otras puertas. Me facilitó conocer a gente fantástica, a la que quiero un montón y con la que he tenido el gusto de trabajar, los que pasamos hace un año a engrosar las filas de APEU (Associació Pràctiques d’Ecologia Urbana). Me facilitó dar el paso para asociarme a la Societat Catalana d’Educació Ambiental (SCEA). Para hacer unas primeras actividades con críos, y alguna charla.

Y el pasado estío, coincidiendo con el Casal de verano en Castellar del Vallès, empecé a substituir a la secretaria técnica de la SCEA, que se encargaba temporalmente de un proyecto paralelo. Poco después, me llamaron por si tenía disponibilidad para impartir módulos de sensibilización ambiental para los cursos de formación ocupacional (para adultos) en dos academias, una de ellas donde había hecho el curso, la otra en Terrassa. Y acabadas las vacaciones, me encontré que la substitución pasaba a ser un contrato de un año con una jornada de 20 horas, más la organización para ese mismo diciembre de unas jornadas de EA, el Fòrum 2000+6, de las cuales fui la absoluta perpetradora y enmarronada… pero que gustazo dan los aplausos en el autobus de vuelta…

Al final, también acabé encargándome de una parte de la siguiente edición del curso de Monitores de EA (que, por cierto, me acaban de llamar para confirmar el de este año, y ya les he dicho que no va a poder ser… los motivos, entre este post y los siguientes).

Finalizados los cursos en febrero, me contrataron en la empresa Argelaga (40 horas al mes, obra y servicio), para la realización de talleres e itinerarios ambientales y la coordinación y diseño de materiales de una Agenda 21 escolar (si alguien quiere saber qué es eso, que me lo pregunte o que lo busque), así como otros proyectos. Combinándolo con la secretaría de la SCEA, por supuesto.

Ahora el ritmo está más relajado. Pero ha sido un curso frenético. De un trabajo a otro, de un proyecto a otro, y tiro porque me toca, transporte aquí, transporte allí, inexistencia de fines de semana en ocasiones, dos semanas de vacaciones de la SCEA en enero utilizadas para dar clases… ha sido casi vivir para trabajar.

Eso sí, en un mundo que me gusta. Al que le puedo aportar lo mejor de mí misma. Donde me siento útil. Exasperante a veces, pero muy gratificante. Creo en lo que hago, por fin. Me encanta trabajar con niños, pero también con adultos. Es un aprendizaje constante. Encontré mi camino principal… pero todavía estoy buscando la vereda que se desvía hacia el prado verde.

Porque el curro en la SCEA, que es la base de mi sueldo durante todo el año, ya no me aporta nada nuevo. Ya no hay retos. Estoy en un despacho, yo sola. Haciendo trabajo administrativo. Y eso es aburrido. Mucho. No me pone. No me motiva.

Por desgracia, no puedo depender del trabajo de Argelaga, porque por ahora no me pueden garantizar más de las 40 horas al mes, y así no hay quién viva. Y la formación ocupacional, aunque sean unas cuantas horas, está concentrada en 6 meses. El resto del año no hay nada. Y si durante el curso que viene me he de poner a combinar SCEA, Argelaga, y formación ocupacional durante medio año, me puede dar un tramujón gordo. Ya sí que acabo pa psiquiátrico. Implicaría olvidarme de los fines de semana totalmente. Olvidarme de los cursos que me gustaría hacer este otoño en el CENEAM. Olvidarme de taichi, danza del vientre, dibujo, o cualquier otra afición que me supusiera un tiempo del que no dispondría. Olvidarme de cualquier escapada donde fuera, olvidarme de mis amigos. Olvidarme de todas aquellas cosas que también le dan brillo a mi existencia. Olvidarme de vivir, y sólo trabajar. Y por mucho que adore parte de mi trabajo, no puedo hacer eso. Necesito un poco de equilibrio para ser persona. Vale que saco tiempo y energía de donde no hay, pero mis poderes no son ilimitados.

En septiembre se me acaba el contrato con la SCEA. Renovar, me renovarían. Fijo. Pero quizá sea el momento de un cambio, y de adentrarme más en la senda de los verdes brezos y los azules horizontes. Ahora, sólo dependo de mí misma, y de nadie he de responder. Ahora llegan los saltos al vacío. Ahora tengo formación, experiencia, y contactos. Vamos a ver por donde sopla el viento. Vamos a currárnoslo. Los saltos al vacío me ponen. Es la confianza en grado sumo.

Así estamos ahora…

PD. No me planteo oposiciones a profe de secundaria. No me apetece estar año tras año explicando lo mismo a adolescentes a los que en general les importa tres pueblos. No me gusta quedarme estancada en unos mismos contenidos, ni con una misma gente. Punto pelota.