Reflejos

Me he mirado al espejo. Me ha devuelto una mujer morena, con ojos cambiantes como el mar y cabello de los oros viejos y cobres de un bosque de arces en otoño. He vuelto a mirar, y he visto una lágrima que salía de un corazón sensible; pero no todas las lágrimas son amargas. Luego vi una sonrisa pícara por todos los retos pendientes, y una risa en las pequeñas alegrías. Mirando más al fondo vi un espíritu inquieto y juguetón como el viento, y la calma en el ojo del huracán. El espejo me mostró acero forjado, templado al rojo, trenzado con ramificaciones de platino; me enseñó copos de nieve, flores de brezo, pequeñas campanillas, dorados granos de arena, plumas caudales de elanio, y toda la naturaleza en un destello. Volví a alzar la vista y encontré cicatrices de batallas conquistadas, ritmos de tambor alrededor de una fogata. Encontré giros derviches, sensuales shimmys, serenos mantras. Vi franqueza en el fondo del alma, ternura en cada poro, pasión en cada latido. No me atrevía a mirar de nuevo, por miedo a la oscuridad. Y el azogue creyó conveniente hacerme entender que la verdad, como los diamantes, tiene mil caras, todas brillantes y en sombras; todas bellas por reales e ilusorias al tiempo. Y se deslizaron el coraje, la lucha y la confianza; la receptividad y las posibilidades dieron paso a la celebración y a la transformación. Y hallé en mi palma la mano confiada de un niño, en mi cintura el abrazo de un amigo, en mi mirada las aguas cristalinas de un lago en el norte en el que se reflejan las estrellas, en mi lengua palabras de ánimo para el necesitado, y en mis oídos el aire acariciando los brotes tiernos en la primavera. Observé minuciosamente buscando una buena persona, y sólo pude vislumbrar el intento del día a día por ser mejor, una búsqueda de la coherencia más allá de máscaras y corazas, más allá de barreras que no sean coralinas; un viaje eterno a Ítaca donde el enriquecimiento viene tanto del lodo como de los rayos del sol al atardecer. Y ese espejo quiso hacerme ver inteligencia sin dobleces, rapidez en la tranquilidad, consciencia en la intuición, entrega sin rendición, mariposas de luz llevando destellos a la oscuridad que anhela ser complementada. Sacó del azul todos los colores del espectro, y pintó con esa paleta mi camino. Me enseñó que soy tan única como quiera serlo, tan especial como pueda soñar; porque sólo hay que creer en ellas para que las hadas no mueran. Vi la sangre y el sudor; los esqueletos abandonados a la espera de su reconstrucción; vi los ciclos que se cierran para volver a empezar. Parpadeé, y allí había un brillo profundo, una implicación constante, una esperanza ciega y radiante surcando los cielos rumbo a una nova, creadora y destructora a la vez.

Me restregué los ojos. El espejo me dijo que no era la más bonita, y sin embargo, que era yo misma, y que eso era lo más hermoso que podía desear. Y que su reflejo me devolvería la fuerza de miles de deseos escondidos en lo más remoto de mi ser, y el guía para seguir adelante, recorriendo esa senda que no tiene ni fin ni principio, y que, pese y gracias a todo, me hace seguir siendo yo.

4 comentarios para “Reflejos”

  1. Txapulín Dice:

    ¡Oh!

  2. Imperator Dice:

    Cool.

  3. EVELYN Dice:

    bobossssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss

  4. EVELYN Dice:

    son todos unos putos

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