05.29.07
Las malas compañías
Mis amigos son unos atorrantes.
Se exhiben sin pudor, beben a morro,
se pasan las consignas por el forro
y se mofan de cuestiones importantes.
Mis amigos son unos sinvergüenzas
que palpan a las damas el trasero,
que hacen en los lavabos agujeros
y les echan a patadas de las fiestas.
Mis amigos son unos desahogados
que orinan en mitad de la vereda,
contestan sin que nadie les pregunte
y juegan a los chinos sin monedas.
Mi santa madre
me lo decía:
“cuídate mucho, Juanito,
de las malas compañías”.
Por eso es que a mis amigos
los mido con vara rasa
y los tengo muy escogidos,
son lo mejor de cada casa.
Mis amigos son unos malhechores,
convictos de atrapar sueños al vuelo,
que aplauden cuando el sol se trepa al cielo
y me abren su corazón como las flores.
Mis amigos son sueños imprevistos
que buscan sus piedras filosofales,
rondando por sórdidos arrabales
donde bajan los dioses sin ser vistos.
Mis amigos son gente cumplidora
que acuden cuando saben que yo espero.
Si les roza la muerte disimulan.
Que pa’ ellos la amistad es lo primero.
Esto cantaba Serrat.
Y os lo dedico.
A los que estáis cerca, a los que estáis lejos. Mujeres y hombres, algunos de los cuales conocí de chicas y chicos, otros más pronto aún, otros recién entrasteis en mi vida.
Porque para mí la amistad siempre ha sido una de las cosas más importantes y básicas de mi vida. Porque yo no sería la misma persona sin vosotros.
Porque, como decía Stephen King en su novela It: No hay buenos amigos, no hay malos amigos. Sólo hay personas con las que uno quiere estar, necesita estar; gente que ha construido su casa en nuestro corazón.
Y hay lofts, y talans, y cabañas en la playa, y casitas en la montaña, y agujeros hobbits, y chalets con piscina, pisitos ordenados y coquetos, y algún barco navegando el ancho firmamento.
A todos los que os habéis tomado el trabajo de construir parte de vuestro hogar ahí dentro, gracias.




