10.04.06

Doce años atrás…

Publicado en Personalmente a 8:29 pm por vanesancho

… salía yo de clase en mi segundo día de 2º de carrera. Biología, en la UB. Volver a ver a los compañeros después del verano, empezar unas asignaturas interesantes, haber pasado un verano genial con los amigos… me sentía feliz.

 

Llegué a mi casa, toda contenta. Y nada más abrir la puerta, ya noté que algo iba mal. En el recibidor vi la chaqueta de mi abuela, cuando mis abuelos no se prodigaban en venir a casa precisamente. Salió mi madre a buscarme a la entrada, y al verle la cara, mis sospechas se confirmaron, algo le debía haber sucedido a mi abuelo… no fue así.

“Vane, el pare s’ha mort”

Qué duras palabras. Doce años después, aún duelen. Aún tengo la escena grabada en el alma.

En esos momentos, sólo pude pensar que era una broma. No podía ser verdad. Me había despedido de mi padre unas pocas horas atrás, en la esquina de casa, después de bajar hablando juntos en el ascensor, yo hacia la facultad, él hacia el médico de cabecera porque le dolía la ciática, o creía.

Asimilar algo de tamaña magnitud, un martes 4 de octubre por la noche, sin preparación, sin “se veía venir”, sin siquiera haber entrado prácticamente en casa…

No, no lo asimilé. Quedé en estado de shock. No había ni lágrimas, porque aunque mis orejas habían oído la frase, el resto de mi ser no conseguía hacerla suya.

Dejé mis cosas por ahí y me volví fuera, a la escalera, varios pisos más arriba. Y ahí me quedé sentada. Quieta. Con diecinueve años, y ya no estaba él. Ya no tendría más sus abrazos; ya no habría más charlas de libros, juegos, la vida, y tantos otros temas; ya no pediría más que le trajera su cervecita al volver del trabajo… todo eso lo pensé más adelante, no en aquel momento. Entonces no podía asumir que no volvería a verle; nos habíamos despedido hasta la noche, quizá no habíamos concretado qué noche.

En el escalón seguía cuando aparecieron Alex, Josh, Rac y Paco. Amigos entonces, y amigos por suerte aún ahora. No fueron los únicos que estuvieron a mi lado esos días. No sé si alguna vez os he llegado a dar las gracias por poder contar con vosotros, por estar ahí. Si no ha sido así, ahora lo hago.

Aunque de hecho, yo no llegué a asumir la pérdida hasta un año más tarde. Un año tardó en apagarse la idea de que en realidad, estaba de viaje, o enfermo en algún sitio, o a saber… de que cada vez que se abría la puerta de casa, podía ser él de vuelta.

Tanto tiempo ha pasado y la niña pequeña que llevo dentro no sabe lo que daría aún porque pudiera ser así, por un día más, por un abrazo más.

Familia feliz

 

Fue una gran persona. Alguien a quien todos apreciaban, que se hacía querer. Adoraba la vida, y la disfrutaba todo lo que podía. Inteligente, luchador, amante de la naturaleza. Quería a su familia, tanto a la escogida como a la que le venía dada. Con muchos amigos, de los de verdad; de los que estuvieron ahí en momentos difíciles, de los que lloran cuando ya no estás. Le encantaba cuidar de su huertecito, leer libros esotéricos, jugar a las cartas y con el ordenador, escuchar a Serrat, buscar setas, ir a los encantes con su hija a cambiar cromos, ir al cine, su cervecita del mediodía con sus olivitas o sus berberechitos… y todas las cosas las vivía, al máximo.

Cuantas veces, con un libro, una comida, una película, un paisaje, pienso en él. En lo que le gustaría a él.

Pero ya no está. Y aunque el dolor desgarrador de la pérdida se acabó atenuando con el tiempo, siempre le echaré de menos. Siempre.

T’estimo, pare.